¿Qué hacer? Cuando se produce una confusión en el orden de apriete de los pernos de alta resistencia en los nudos de estructuras de gran tamaño, no se trata en absoluto de un asunto menor, ya que afecta directamente a la seguridad estructural y a la estabilidad a largo plazo de toda la estructura. Ante este complicado problema de ingeniería, no conviene actuar con precipitación ni realizar modificaciones a ciegas; es imprescindible adoptar una estrategia de respuesta científica, serena y sistemática.
En primer lugar, hay que detener inmediatamente todas las operaciones de apriete. Este es el principio de actuación más importante. Un orden de apriete desordenado puede provocar una distribución anómala de las tensiones internas en el nodo; es posible que algunos pernos hayan soportado cargas muy superiores a la precarga de diseño, mientras que otros se encuentren en estado de holgura. Continuar con la obra solo agravará el desequilibrio de tensiones e incluso provocará la rotura de los pernos o la deformación de las placas de unión, causando daños irreversibles. El responsable de la obra debe dar la orden de paralización de las obras con decisión y acordonar con señales de advertencia las zonas ya apretadas.
Segundo paso: evaluar exhaustivamente la situación actual y realizar un diagnóstico preciso. Es necesario organizar un equipo técnico para realizar un «chequeo» de los nudos. Esto incluye: registrar detalladamente el estado de apriete de cada perno (como el valor de par o el ángulo de giro), distinguir claramente con un rotulador los pernos apretados de los que no lo están; comprobar si han aparecido huecos o deformaciones en la superficie de contacto de las placas de unión; revisar los planos de construcción y las normas de procedimiento para determinar la secuencia de apriete correcta según el diseño (por lo general, se aplica el principio de avanzar desde el centro del nodo hacia afuera, de forma simétrica y alterna). El objetivo de este paso es trazar un «mapa de la situación actual» claro, para determinar el grado de desorden, qué pernos pueden estar «demasiado apretados» y cuáles «demasiado flojos».
Tercer paso: basándose en los resultados del diagnóstico, elaborar un plan seguro de «aflojamiento y reajuste». Este es el núcleo técnico; no se trata simplemente de aflojar o volver a apretar en sentido contrario. Por lo general, es necesario, bajo la supervisión de un ingeniero especializado y siguiendo un orden específico, liberar la tensión existente de forma lenta y uniforme. Por lo general, primero se aflojan ligeramente los pernos que se sospecha que están demasiado apretados (lo cual debe controlarse estrictamente con una llave dinamométrica debidamente calibrada), al tiempo que se supervisa el cambio en el espacio entre las placas de unión para garantizar una descarga gradual de la tensión. Solo cuando la tensión de pretensado de todos los pernos haya vuelto básicamente a un nivel uniforme y bajo, y las placas de unión hayan recuperado su estado de contacto natural, se podrá considerar que el reajuste ha concluido. Este proceso puede requerir operaciones escalonadas y múltiples ciclos, por lo que es imprescindible actuar con paciencia y precaución.
Cuarto paso: volver a apretar siguiendo estrictamente el orden correcto. Una vez que la tensión en el nodo se haya reducido a cero y se haya recuperado el estado inicial, se debe volver a apretar desde el principio siguiendo estrictamente el orden y los requisitos de proceso especificados en el diseño. Utilice una llave dinamométrica calibrada o un tensador hidráulico para garantizar que la fuerza de pretensado cumpla con precisión los requisitos. Durante el proceso de apriete, se deben respetar los principios de simetría, alternancia y apriete por etapas; por ejemplo, se puede completar en dos o tres fases: el apriete inicial (50 %-70 % del valor de diseño) y el apriete final (100 % del valor de diseño), comprobando el grado de adherencia de las placas tras completar cada fase. Se recomienda designar a una persona específica para que registre y supervise cada paso de la operación, a fin de garantizar que no haya ningún fallo.
Quinto paso: realizar una inspección y recepción exhaustivas tras el apriete. Una vez completado el reapriete, no se puede dar por concluido el proceso. Es necesario aplicar medidas de verificación más estrictas. Además de realizar comprobaciones aleatorias del par de apriete, en los nudos especialmente importantes se debe utilizar un medidor de fuerza por ultrasonidos o un medidor de fuerza axial para realizar comprobaciones directas del par de apriete de los pernos, garantizando que su uniformidad cumpla con los requisitos de diseño. Al mismo tiempo, se debe inspeccionar el aspecto exterior de los nudos para detectar posibles deformaciones permanentes o daños. Todos los procesos de tratamiento, registros de datos e informes de inspección deben archivarse detalladamente, a modo de base para la trazabilidad de la calidad de la obra.
Por último, es imprescindible reflexionar a fondo sobre las causas y reforzar el control de los procesos. Tras la aparición de un problema, además de resolver la situación inmediata, hay que analizar las causas: ¿se debe a una falta de claridad en las instrucciones técnicas? ¿A una formación insuficiente de los trabajadores? ¿Falta de supervisión in situ? ¿O una identificación poco clara de la secuencia en los planos? Se deben perfeccionar los sistemas de gestión de forma específica, por ejemplo, pegando previamente etiquetas con números de secuencia en los pernos, elaborando animaciones intuitivas de la secuencia de apriete para la transmisión de instrucciones, estableciendo puntos de control de calidad en los procesos clave y asignando personal específico para la supervisión in situ, con el fin de evitar desde el origen que se repita este tipo de confusión.
En resumen, ante la confusión en el orden de apriete de un conjunto de pernos de alta resistencia, la respuesta correcta es: detener inmediatamente los trabajos, realizar una evaluación científica, aflojar con cautela, volver a apretar rigurosamente, verificar minuciosamente y eliminar los riesgos. Solo mediante este proceso sistemático de «qué hacer» se puede reducir el riesgo al mínimo, garantizar la seguridad y fiabilidad de los nudos estructurales de gran tamaño y permitir que la obra continúe avanzando sobre una base sólida.